lunes, 17 de octubre de 2016

Después del pobrísima triunfo del No en el plebiscito del 2 de octubre, catalizado por la mentira, el miedo y la provocación de la indignación de sectores específicos de la sociedad colombiana a manos de la cúpula reaccionaria de una de sus vertientes (uribismo), hoy atravesamos una particular coyuntura crítica, oportunidad compleja para acceder a acuerdos que nos conduzcan a la paz definitiva que nos merecemos.

Este acercamiento de los divergentes, es un importante esfuerzo de voluntades que reclama grandeza, verdad y realismo. Por eso al tiempo que aportar argumentos y razones, es imperativo precisar los puntos álgidos de la discordia y plantear en positivo las correspondientes alternativas. Pero igualmente se hace indispensable que frente a lo inviable, cobre su espacio el debate pertinente que, muestre lo que esconden dichas propuestas (puntos ciegos). Lo que no significa que el lenguaje a usar sea el incendiario. De ninguna manera. No hacerlo, aparentemente en aras de la paz, es permitir que se mine el territorio por donde se ha de transitar, aplazando el peligro de su fracaso y sus consecuencias.

Tres referencias actuales pueden indicarnos el camino del debate con substancia (que no depone la verdad ni se diluye en generalidades ideológicas): Enfoque de género, columna de Humberto de la Calle en El Tiempo (octubre 16 – 2016), El gran chantaje y, La tierra y los del No, columnas de Alfredo Molano Bravo y Javier Ortiz Cassiani, respectivamente en El Espectador (de la misma fecha).

Seguirle el pulso a la sociedad civil y a la evolución que puedan experimentar sectores subsumidos en realidades socio-políticas falsamente homogeneizados, así como estar atento al movimientos de las contradicciones entre los divergentes en diálogo para potenciar cercanías y aislar oportunamente posiciones extremas ligadas a proyectos dilatorios, es pensar y actuar proactivamente haciendo devenir la paz en realidad posible que va concretando acuerdos según la rosa de los vientos que se mueve en ese vórtice de lo divergente con desigual atracción gravitatoria.

El presidente Santo, ungido por la gracia de la Academia sueca y su equipo de negociadores altamente competente, tienen el deber de aguzar sus sentidos y sensibilidad múltiple para no caer entrampados en versiones restrictivas de paz y nación (reiteración de la exclusión) y por el contrario ampliar de tal manera la cobertura de socios, con acento en la sociedad civil, que quienes paguen sean los sectores tradicionalmente monopólicos del poder de talante cavernario, obligados a abrirse a las tendencias de un mundo plural.

Ramiro del Cristo Medina Pérez


Santiago de Tolú, octubre 16 - 2016